Entrevista 

¿Te podrías presentar en algunas palabras?

Soy Azahara, soy educadora e integradora social y ahora mismo estoy haciendo las prácticas del máster de igualdad y género de la Universidad de Málaga.

¿Por qué has elegido la Asociación Marroquí para tus prácticas?

He tenido otras prácticas en otras asociaciones, pero no estaban enfocadas al colectivo de las personas migrantes en concreto y, aunque lo haya tratado durante mis estudios, quería conocer diferentes tipos de asociaciones que trabajasen con ello y la Asociación Marroquí me pareció el sitio más apto para poder acercarme a este ámbito de trabajo.

No es tu primera experiencia en asociaciones sin ánimo de lucro o en general en el ámbito social, ¿verdad? ¿Cuáles han sido tus experiencias previas?

A lo largo de mis estudios he tenido varias experiencias en asociaciones o entidades que desarrollan un trabajo de tipo social: la primera de todas fue en una asociación que se llama Encuentro en la Calle, que desarrolla proyectos en tres barrios de Córdoba que son de bajos recursos, en los que hay diferentes tipos de problemáticas. Ahí, otra compañera y yo llevábamos a un grupo de personas migrantes que estaban en un piso tutelado de la asociación con un proyecto a parte. Además, trabajábamos en un colegio al que íbamos una hora todas las mañanas para hacer grupos interactivos. Por la tarde, dábamos también talleres psicológicos tanto para mujeres como para niñas y niños, realizando diferentes actividades para mantenerles entretenidos y entretenidas y para que las mujeres pudiesen tener su propio espacio.

 

Luego, en las prácticas de la carrera, estuve en un centro penitenciario de Córdoba realizando talleres de habilidades sociales, lúdicos, de resolución de conflictos, de manualidades y de género. Durante la carrera, también estuve desarrollando un proyecto para la inclusión social de chicos ex tutelados a través de talleres y actividades culturales. ¿Cómo ves la situación de las personas migrantes? ¿Cuáles son, en tu opinión, las más vulnerables dentro de este colectivo?

En mi opinión, mujeres y jóvenes son las más vulnerables. Por un lado, los y las jóvenes se enfrentan a más dificultades también por el tema del idioma en el contexto escolar y la necesidad de una adaptación rápida al sistema que se les exige y que a menudo los y las pone en una situación de riesgo de abandono.

Laboralmente hablando, en cambio, yo creo que las mujeres siempre están en una posición más vulnerable. Aquí en España, por ejemplo, son las que en la mayoría de los casos se ocupan del trabajo de cuidados, y encima, están mal remuneradas: trabajan muchas horas y a menudo como internas; asimismo, el acceso a otros puestos de trabajo lo tienen más limitado.

 

 

 

¿Por qué has decidido trabajar con el colectivo de las personas migrantes y, más en específico, con el de mujeres y de jóvenes?

Realmente, para aprender y conocer mejor las cosas que no he podido trabajar todavía durante mis estudios. Siempre he estado en contacto con este colectivo de forma paralela: durante mis prácticas en la cárcel, por ejemplo, había gente de todas las nacionalidades, en otras asociaciones también; sin embargo, el trabajo no era tan específico. Por eso, hacer mis prácticas aquí me permite conocer más a fondo la forma de trabajar y los proyectos que se desarrollan en este ámbito en concreto y con este colectivo.

Dentro de este contexto, considero muy importante trabajar con personas migrantes o con mujeres y jóvenes migrantes, porque en mi opinión son las que tienen una situación más vulnerable en comparación con personas que no viven la experiencia de un proceso migratorio de estas características. A nivel más personal, creo que hay que priorizar y creo que lo más urgente, lo que necesita más atención, son las mujeres y jóvenes, en este colectivo en concreto inclusive más.

¿Cuáles son, en tu opinión, los posibles pasos a seguir para alcanzar una inclusión social y resolver o mejorar los distintos problemas y retos con los que se enfrenta este colectivo? 

Yo creo que es muy importante trabajar a dos niveles. Por un lado, está la parte de la comunidad o de la sociedad en la que es esencial derrumbar estereotipos para que no se produzca discriminación, para que no se creen prejuicios. Esto es un aspecto que, además, debería estar contemplado por ley, tratado “desde arriba”. Por otro lado, a un nivel más local hay servicios que deben llegar a su destino, por eso es imprescindible acercar los recursos a disposición de estas personas, y facilitarles el acceso a todas las ayudas sociales y económicas.  Una persona para poder vivir tiene que tener un trabajo digno y con condiciones laborales dignas también y esto es un derecho que va más allá de ser migrante o no. Si por ejemplo estuviese bien el trabajo y no hubiese discriminación ni racismo solo faltaría un poco de multiculturalidad verdadera, de aceptación de esta multiculturalidad en la que todas las culturas tienen los mismo derechos y relevancia social.