La perseverancia de Mohamed para conseguir un empleo

22 años, Nador (Marruecos)

 

Cuando escuchas a Mohamed, piensas que no aparenta los 22 años que tiene. No por su físico, sino por la gran madurez que demuestra en cada palabra. Porque es un ejemplo de lucha, pero también de perseverancia. Cada día se dedica a recorrer las calles de Málaga para entregar su currículum en todos los comercios, negocios y restaurantes que encuentra a su paso. “No tengo permiso de residencia y mi tarjeta de residencia está caducada, pero tampoco puedo rendirme; necesito trabajar, aunque me encuentro en una encrucijada”, reconoce el joven.

 

Para Mohamed, las prioridades están muy claras desde que era menor de edad. "Siempre me he buscado la vida sin meterme en problemas, desde que cumplí los 18 años no he dejado de buscar trabajo para ayudar a mi madre", señala. Recuerda que su primer empleo fue como mecánico cuando solo tenía 14 años.  Antes de partir a Melilla, con 16 años, ya tenía experiencia trabajando como electricista, como dependiente en una tienda de ropa, en un restaurante, como pintor... Pero el sueldo nunca era proporcional a las horas de trabajo, ni suficiente para ayudar en casa. "Por eso me fui", resume.

 

Tras cruzar la frontera, entró al centro de menores La Purísima, conocido por las numerosas denuncias que acumula por las condiciones de acogida. "Fue un poquito difícil porque tenía que vivir con muchos chicos, pero aguanté porque tenía claro que quería conseguir mi residencia", relata Mohamed. Y así fue. Aunque al cumplir la mayoría comenzó su verdadera carrera de obstáculos, trasladándose de un lugar a otro en busca de futuro. Siempre que se ha desplazado ha sido con la intención de conseguir un empleo: pasó por Barcelona, por Murcia e incluso llegó a trasladarse a Bélgica.

 

Llegó a trabajar en restaurantes sin contrato, seis días a la semana y a tiempo completo por solo 350 euros. "Me duele mucho que se aprovechen de nosotros, que no sean capaces de ayudarnos cuando venimos con toda la voluntad de trabajar, de tener un futuro", reconoce Mohamed.  "Yo nunca he robado, nunca he ido al calabozo aunque también he estado viviendo en la calle, pero solo me he dedicado a buscarme la vida por mí y por mi familia", explica el joven.

 

Desde junio Mohamed se encuentra en uno de los pisos de acogida de la Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes. Sabe que ya no está solo en su proceso documental ni en el proceso de la búsqueda de empleo, y cuenta con el apoyo emocional para hacer frente a esta situación. Seguiremos luchando juntos hasta que llegue esa oportunidad que lleva años buscando y que sabemos que conseguirá. Porque cuenta con los mejores aliados: la madurez y la perseverancia. Y porque no hay obstáculos que frenen su determinación infinita.