El empeño imparable de Souleiman

19 años, Nador (Marruecos)

 

Souleiman, de 19 años, ya pensaba seriamente en su futuro a los 15. A diferencia de muchos adolescentes de esa edad, su preocupación iba mucho más lejos de aprobar el instituto con buenas notas. De ahí que durante las vacaciones escolares pasase tres meses trabajando como albañil en su ciudad (Nador) y después de conseguir unos ahorros y algo de dinero para su familia, decidiera emprender la 'aventura del sueño europeo'. Una aventura que, en realidad, se torna en un laberinto de obstáculos para menores y jóvenes migrantes desde el momento que abandonan el hogar familiar.

 

Afortunadamente, la madurez de Souleiman ha sido su aliado en este proceso. Pasó un año y medio en el centro de acogida de La Purísima de Melilla, conocido por denuncias que tienen que ver con el hacinamiento de menores acogidos, pero él sobrellevó este tiempo con calma, tratando de que fuera lo más productivo posible, a pesar de la negativa del centro a escolarizarlo. "En ese tiempo di cursos, pero no aprendí nada de español porque no me llevaban a clase", explica el joven. Sus ganas de avanzar han sido clave para que, en tiempo récord desde que cumplió la mayoría, ya domine la lengua y pueda expresarse con autonomía.

 

Aunque la primera frontera que cruzó fuese la de Melilla, desde que inició su periplo migratorio no ha dejado de superar barreras. Nada más cumplir la mayoría se encontró con la traba más temida, la documental. Su permiso de residencia estaba caducado. Ahí empezó una carrera a contrarreloj para solucionar su situación, lo que fue posible seis meses después gracias a los ahorros que conservó de su trabajo en la albañilería y a la ayuda de una abogada. "Siempre recomiendo a los chicos que cumplen 18 años que se pongan las pilas con la residencia, que no pierdan tiempo", dice Souleiman.

 

En toda esta carrera, hay un día que Souleiman nunca olvidará: el del viaje en el barco que le trajo hasta Málaga, donde comenzó una nueva andadura siendo ya un joven extutelado. "Es muy difícil de expresar lo que sentía porque llevaba mucho tiempo esperando ese momento, estaba contento, pero también muy triste porque me alejaba más de mi familia", reconoce. A pesar de la emoción, su llegada a Málaga no fue fácil, pero el joven nunca perdió la calma ni el sentido de madurez.

 

Su grado de responsabilidad y compromiso le ha permitido lograr muchas cosas. Está acogido en uno de los pisos de la Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes; continúa estudiando castellano; está a la espera de que sea admitido en una formación para ser peluquero y pasa su tiempo libre jugando al fútbol en un club local. Aunque su permiso de residencia no le autoriza a trabajar por el momento, eso no le desanima. "Mi objetivo ahora mismo es seguir formándome porque quiero conseguir el futuro que vine buscando y sé que cuento con la ayuda que necesito", explica. Así, paso a paso, poco a poco, con paciencia y esfuerzo, Souleiman va consiguiendo cada una de sus metas.  Y todo gracias a su empeño imparable.